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Los mejores souvenirs que tengo de mis viajes

Mi casa en Gran Canaria está llena de imanes en la nevera de cada lugar que he visitado o han visitado mis padres. Una postal, una figura típica o esos dulces tradicionales siempre caen en el regreso de un viaje. Durante todos los viajes que hice con mis padres por Europa durante el verano, mi padre siempre tenía la costumbre de comprar un vaso de chupito de cristal con algo significativo del lugar que visitamos. De Francia, Noruega, Irlanda, Alemania… una vitrina en la cocina llena de ellos. Un pequeño altar viajero.

Me encantan que se acuerden de mí y me traigan un llavero de Marrakech o un vaso de Mafalda de Buenos Aires. Adoro tener cosas de distintos lugares y ver esa postal en mi habitación de aquel viaje a Lisboa. Todo eso me gusta y no quiero dejar de comprarlos. Pero los mejores recuerdos, los mejores souvernirs que tengo de los viajes, nos lo he podido comprar. Quizás me los han regalado, sin darse cuenta y sin querer la mayoría de las veces, pero no los tengo puesto en mi cuarto ni desayuno en ninguno de ellos.

Son las cosas más valiosas que me he podido traer de cada lugar. Esas que realmente te puedes traer de cualquier lugar del mundo, hemisferio norte o sur. Porque hay cosas que puedes encontrar en todos lados. Sólo tienes que buscarlas y proponértelo.

Las personas

No, no me he traído a nadie en la maleta como recuerdo (aunque me hubiera gustado con más de uno), pero sin duda el mejor souvenir que me he traído son las personas que se han cruzado en el camino. Todos esos que me han enseñado las miles de maneras que hay de vivir la vida, mostrándome que no hay una única forma válida ni correcta. Cada uno de nosotros tenemos que encontrar la nuestra. Nuestro significado de felicidad y de éxito. Viajando descubres tantas realidades posibles que de ninguna otra manera verías y encuentras a personas tan distintas como ciudades hay en el mundo.

Andrew, el couch que me acogió en Menorca a mí y a mi amiga Rocío durante tres días. Ese chico inglés que se pasa 6 meses del año en la isla trabajando en un hotel y abriendo las puertas de su casa a todo viajero que esté de paso. La paz personificada.

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Gracias Andrew, por alojarnos en este paraíso

Gracias Andrew, por alojarnos en este paraíso

El dueño del hostal de Ischia, isla italiana. Un australiano que se enamoró de la isla, montó un hostal y se quedó a vivir en él. Lo decoró con cariño, te da una sonrisa a cambio de nada y te hace sentir como en casa.

Octavio, nuestro guía en el tour en el Salar de Uyuni, un hombre en el que ves en su cara y en las marcas de su piel todo lo que ha vivido detrás.

Octavio

Octavio

 

Adentrarme en la cultura local

La noche que pasamos en la plaza principal de Nápoles tomando unas cervezas con un grupo de italianos o el cumpleaños –del amigo portugués de nuestro couch portugués – que celebramos en la terraza de su casa con su familia y amigos. La fiesta en la playa con el dueño del hostal de Pisa que nos llevó y nos recogió, sólo para que vivamos la auténtica fiesta italiana. Comer carne de llama en el hostal de sal en el que me alojé en el Salar de Uyuni. Esas cosas, esos momentos, en los que compartí instantes con la gente de allí, en los que me sentí portuguesa, italiana y boliviana por un día, no lo puedo comprar en ningún lugar.

Couchsurfing me ha ofrecido mucho de eso pero hay muchas maneras de hacerlo si realmente quieres. Intentar entender como viven allí, como son las costumbres de cada sitio y no cerrarte a hacerlo como lo harías tú, es fundamental.

 

Montar mi propia ruta

Ese arco iris que apareció tras una tormenta después de horas en coche llegando a Niza desde la Provenza. Los paisajes de Argentina en un trayecto en guagua de 18 horas. Las horas de coche con mis padres y mi hermana escuchando a Jackson Browne.

Sin duda intentar organizar las cosas por mi cuenta, y no sólo hacer caso de los sitios turísticos recomendados por las guías, hace que descubras lo mejor de cada uno. Ese pequeño rincón que te hará montar tu significado del lugar.

 

Entender que gente buena hay en todos lados

 

Que el mundo es un lugar peligroso o que tal y tal país no es recomendable para viajar, lo he escuchado un montón de veces. Porque siempre nos quieren pintar todo más negro de lo que es y meternos el miedo en el cuerpo.

Pero gracias a Pedro, el portugués que nos llevó en su coche mediante blablacar a Lisboa, se preocupó que estuviéramos bien allí, nos ofreció su casa para dormir y hasta que no comprobó  que el lugar donde nos quedábamos esa noche era seguro, él no se fue tranquilo. Gracias a que aún cuando habían pasado los días, se preguntó si había estado bien en Lisboa. Gracias a todas las sonrisas que he recibido de vuelta o la ayuda que me han ofrecido cuando he estado perdida. Gracias a tantas personas, he podido comprobar que no es así. Que no todo es como te lo cuentan, y no hay que perder la esperanza.

 

Lisboa

Lisboa

Anécdotas

Sin duda, de los mejores souvenirs que te puedes traer de un lugar. Una caja repleta de situaciones, muchas inesperadas, que te ocurren cuando estás por ahí.

Ese hostal de Londres con 8 personas más donde entraron a robar más de una vez y ya planeábamos como nos defenderíamos. La llave que nos dieron equivocada en un hotel en Suiza y donde interrumpimos a una pareja brindando con champán. El hostal de Italia donde acabamos durmiendo en una tienda de campaña en el jardín por culpa de una plaga de pulgas (y de un dueña de hostal con mucha cara dura).

 

Ni el susto nos quitó las ganas de la foto de rigor

Ni el susto nos quitó las ganas de la foto de rigor

Pero todas esas cosas que no sabes que van a suceder son las que más recuerdas después de cada viaje. Las que cuentas una y otra vez, por muy buenos (o muy malos momentos) que te hicieron pasar.

 

Y sobre todo, lo que más me ha resultado para esto, es dejarme llevar. Planear un viaje y pensar lo que quieres hacer es necesario, pero contar con el factor sorpresa y que no todo sale según lo planeado, no te fallará 🙂

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¡No te quedes en tierra!

Marta López

Risueña, curiosa y observadora. Tengo 25 años y nací en Gran Canaria, pero desde que salí de la isla con 18, las palabras origen y hogar tomaron un nuevo significado. Recuerdo hasta los más pequeños detalles, hago listas para todo y la de "cosas que quiero hacer antes de morir" hace tiempo que sobrepasó el límite para esta vida. Adoro caminar descalza y cenar un buen desayuno.

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