La magia de los Alpes desde mi infancia hasta hoy

¡Hola pasajero!

¿Qué tal ese principio de la semana? Este mes de junio voy a estar en mi casa en los Alpes, más concretamente en Kärnten, el sur de Austria. Me pasa con mis amigos o gente nueva que conozco, que a veces se pierden de donde estoy o tienen curiosidad de saber por qué tengo esta imagen tan abierta del mundo. Así que, para que entiendas mejor por qué tengo una casa aquí, que es lo que me une con esta zona de Europa y de donde he sacado las ideas viajeras, te traigo un post más personal, con fotos de mi infancia incluídas. Ante todo perdón por la calidad de las fotos, son las de la época e hice lo que pude con mi cutre-escaner (jaja)

Hace unos días haciendo fotos con el mismo lago de fondo

Hace 15 años en el Weissensee, Austria

Como puede que ya sepas, la mitad de mi familia es alemana y está desperdigada por el mundo, por lo que desde pequeña  me he pasado los verano viajando para visitarles. Además, mi padre tuvo durante muchísimos años una agencia de viajes en Gran Canaria, por lo que viajar no nos costaba casi nada. Íbamos al aeropuerto sin saber si volaríamos o no. Teníamos que esperar a que todo el mundo hiciera el check-in, y si entonces había hueco en el avión, podíamos subir y viajar.

En la puerta de Viajes Ruppel, la agencia de viajes familiar.

Eso me hizo independiente, porque desde muy pequeña rara vez nos tocaban asientos o vuelos juntos. Viajábamos por separado y nos encontrábamos, haciendo malabares, en algún aeropuerto del continente europeo. Una vez allí, alquilábamos un coche y nos pasábamos el verano recorriendo países como Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Austria, Suiza, Italia, San Marino, Andorra, Eslovaquía, Eslovenia, Croacia, República Checa, entre otros. Parábamos a dormir y nos quedabamos unos días en los sitios que más bonitos nos resultaban.

Jugando en la nieve con mi abuela en Alemania

Si, he tenido una infancia bastante fascinante, o al menos a mi me lo parece. Estas situaciones además de independiente me hicieron aprender a lidiar con la incertidumbre. Había días que a las 9 de la noche aún no habíamos encontrado hotel o apartamento donde dormir. A pesar de tener una agencia de viajes (ya es conocido eso de en casa del herrero cuchara de palo) nunca viajábamos con nada contratado (¡ni siquiera el vuelo!).

Desde pequeñita acostumbrada a hacer y deshacer maletas

Otros veranos también veníamos con nuestro propio coche desde Gran Canaria. Primero en ferry hasta Cádiz y luego cruzando toda la península, la Costa Azul francesa y el norte de Italia en coche. Gracias a estos viajes tuve la oportunidad de conocer no sólo los rincones más turísticos, sino lugares mágicos y preciosos que no salen en ninguna guía de viaje.

En Rimini, Italia.

En uno de esos veranos, cuando yo tenía unos 10 años, decidimos por primera vez alquilar de modo adelantado un apartamento en Austria para pasar el verano. Cuando llegamos, era un desastre, ¡no nos gustó nada! Rápidamente se lo hicimos saber al dueño, nos montamos en el coche y pasamos unos cuatro o cinco días recorriendo el país, en busca de un lugar que nos convenciera más. En uno de esos días incluso dormimos en un auténtico castillo, en la frontera con Hungría, donde todo el mobiliario y la decoración antigua estaban intactos. Hasta decían que habitaba en el castillo la Dama Blanca, ¡un fantasma! Con solo 10 años era emocionante, pero a la vez bastante tétrico, así que recuerdo que esa noche apenas dormí.

Con cara de susto en el castillo Bernstein, Austria.

En cualquier caso, fue toda una experiencia y el restaurante del castillo era ¡exquisito! Después de unos días sin rumbo llegamos, por fin, a la zona donde tenemos la casa ahora. Kärnten, una región al sur de Austria, se encuentra justo en la esquinita donde hace frontera con Italia y con Eslovenia. Nada más entrar en la zona, ¡nos enamoramos! Encontramos un apartamento y nos instalamos, en principio con la idea de pasar unos días. Pero nos gustó tanto y nos sentíamos tan agusto, que acabamos pasando ese verano y todos los veranos siguientes en el mismo sitio. Tanto nos embriagó la magia de Weissbriach (así se llama el pueblo) y sus alrededores, que acabamos construyendo una casita.

A orillas del río Drava en Villach, Austria

Hubo momentos en mi adolescencia, en los que pasar todo el verano aquí, en un pueblo en el campo, no me parecía la mejor idea del mundo. Pero hoy, que soy ya una adulta, estoy tremendamente agradecida por poder disfrutar, como si fuera mi hogar, de este rinconcito en las montañas más altas de Europa.

Feliz como una perdíz con mi Dirndl, el traje típico de Baviera y Austria

La zona es preciosa, está rodeada de lagos cristalinos donde bañarse en verano, y patinar sobre hielo en invierno. El agua del Weissensee, el lago de la foto de arriba, es potable a tan solo 30cm de la superficie. Cuando te metes es tan suave, que parece que te bañas en agua embotellada. La zona también tiene montañas donde hacer caminatas, coger setas en verano y esquiar en invierno. Bosques, llenos de pinos y abetos, con un verde tan intenso que parece que te están retocando con PhotoShop la realidad. Otro de sus mayores encantos es la cercanía con Italia, Eslovenia y Croacia. En media hora en coche estás en Italia, en una hora en la capital de Eslovenia (Ljubljana) y en una hora y media, en la costa del mar adriático, en Croacia. Así que cuando estamos aquí, nunca estamos quietos. Incluso conociendo la zona desde hace 15 años, me siguen sorprendiendo lugares y rincones nuevos. Ahora mismo estoy de camino a Venecia (tan sólo a dos horas en coche), y la semana que viene pasaré unos días en Umag (Croacia).

Haciendo la compra cerca de Udine, Italia

¡Ya sabes que todos los lunes me tienes por aquí! Así que, una vez conocida un poco mi historia, entenderás que alguien que ha vivido estas experiencias desde tan pequeña, ¡no está acostumbrada a vivir eternamente en el mismo sitio! El nomadismo lo tengo impreso en la sangre. Mi familia me ha inculcado el valor de descubrir los sitios de verdad, no superficialmente como un turista más. Porque lo importante no es la cantidad, sino la calidad. Me han enseñado a establecer contacto con la gente local y adaptarte a ellos, aunque sea por un período muy corto de tiempo. Por supuesto, sobra decir que hemos tenido pasión desde siempre por los idiomas. Si pretendes conocer a la gente de verdad e integrarte es algo obligatorio. Se puede decir, que hemos sido antropólogos a la vez que viajeros incansables. Es algo que siempre tendré dentro, mi motor de vida, y algo que seguro le enseñaré a mis hijos y nietos.

Las montañas del Parque Nacional de Triglav en Eslovenia

Espero que esta operación a corazón abierto te haya gustado, tanto si compartes mi manera de viajar y de ver el mundo como si no. Aunque seguramente lo haces, de otra manera difícilmente has llegado hasta aquí. Intentaré, con algunos post y fotos que iré publicando, que te enamores igual que yo de la zona de cuento de hadas donde me encuentro ahora mismo. Estas fotos, por ejemplo, las hice hace unos días en Villach, la ciudad más cercana al pueblo donde está mi casa.

Villach, Austria

El próximo lunes Venecia, el siguiente Croacia, ¿y después? ¡Ya lo verás! ¡Todo a su tiempo!

Sé que somos muchos los que compartimos esta filosofía de vida, ya venga de familia o no. Si lo haces, no dudes en comentar más abajo o contactarnos por cualquiera de nuestras redes sociales, ¡nos encanta conocer a viajeros de verdad y convertirlos en nuestros pasajeros! Lo mismo si tienes alguna duda o sugerencia sobre la zona o cualquier otra cosa.

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¡No te quedes en tierra!

Lisi Ruppel

Tengo pasaporte alemán/español pero me considero ciudadana del mundo. El hemisferio derecho de mi cerebro rige mi vida así que soy creativa, aventurera, impulsiva, muy soñadora y bastante cabezota. El motor que me impulsa es el amor y mi corazón se acelera cuando estoy a punto de irme de viaje, cuando paso tiempo con la gente que amo, cuando fotografío cosas y sitios bonitos, cuando saco tiempo para crear o cuando contemplo una puesta de sol.

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