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Qué es el Hygge y por qué hace que los daneses sean los más felices

“El mundo entero es una serie de milagros, pero estamos tan acostumbrados a ellos que los llamamos cosas ordinarias.”

Hans Christian Andersen 

Los países nórdicos llevan años despuntando en felicidad en todas las estadísticas. En concreto, Dinamarca presume de ello hasta en webs destinadas a promocionar el turismo. En 2015 estuve en Noruega y quedé fascinada con la mentalidad de la gente y lo acogedoras que eran sus casas. Este año estuve en Dinamarca, y lo corroboré. Son gente feliz. Practican hygge cómo filosofía y estilo de vida, y les funciona. ¿Pero, qué es el hygge? Y lo más importante, ¿podemos tratar de exportarlo para hacer nuestras vidas más bonitas?

Hygge es, por definición, la completa ausencia de cosas molestas o emocionalmente abrumadoras. Es disfrutar del presente y de la presencia de cosas suaves y relajantes. El termino surgió de una palabra noruega que significa “bienestar” y no tiene traducción aunque apareció por primera vez escrita en danés en el siglo XIX, evolucionando a la idea cultural que se conoce hoy en día en Dinamarca. La traductora danesa ToveMaren Stakkestad defiende que nunca se ha querido que hygge fuera traducido, porque la intención es que se sienta.

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Los daneses lo definen como tomar una taza de té caliente, en tu increíble casa acogedora, estando rodeado de amigos y contemplando el fuego de la chimenea. Es ponerse cozy. Es llenar tu hogar de cosas bonitas y calmantes para que cuando llegues, te sientas automáticamente desestresado. Pero, en realidad, yo creo que el hygge es mucho más que eso.

El hygge es:

Ser consciente de que las personas no son eternas y disfrutar cada minuto junto a ellas. Algún día será demasiado tarde.

Levantarte cada mañana con mucho sueño pero con agradecimiento por lo que tienes. 

Dejar los convencionalismos de lado y hacer lo que te apetezca. 

Regalar experiencias porque las camisetas se olvidan, la adrenalina y la emoción, no. 

Ser tú mismo, en el trabajo, con los amigos, con tu familia o con tu pareja. 

Vivir el presente, aprendiendo del pasado y con buenos pensamientos para el futuro. 

Ser optimista. 

Tener detalles bonitos con los demás. 

Ser cariñoso con los que te rodean. Da igual si es tu familia o personas que acabas de conocer. Si te nace serlo, olvida lo demás.

Saber perdonar, porque no hay nada peor que vivir con rencor en el corazón. 

Llegar a casa, poner música, encender unas velas y darte una ducha bien caliente. 

Sonreir, sonreir, sonreir y sonreir. 

Intentar criticar de forma constructiva, siempre. 

Comer por placer y disfrutar de una buena sobremesa. 

Acurrucarte con alguien a ver una película o serie. Si hace frío, mejor. 

Decirle a tus padres cuánto los quieres. 

Luchar por tus sueños.

No aspirar a tener mucho dinero. Aspirar ser rico en cosas no materiales.

Vestir exactamente cómo tú quieres, con lo que te sientes cómodo y no simplemente ponerte cosas porque están de moda. 

Esperar a alguien en las llegadas de algún aeropuerto o aterrizar y que te estén esperando. 

Ir a un sitio lleno de naturaleza y disfrutar del silencio. 

Nadar en el mar. 

Acostarte en la cama después de un día agotador. 

Tener sexo mientras miras a los ojos. 

Despertarte y oler a café recién hecho. 

Planear viajes y qué luego el viaje sea regido por la espontaneidad del momento. 

Cambiar cuando quieras hacerlo. Ya sea de carrera, trabajo, pareja, color de pelo, etc. 

Ser curioso por aprender cosas nuevas.

Pasar un fin de semana en una cabaña de madera en el campo, sin televisión, ni internet. 

Organizar reuniones familiares. 

No ser orgulloso. Si piensas que te equivocaste, pide perdón. Si te gusta, dilo. Si quieres llamar, llama. Si algo te molesta, háblalo. 

Intentar no guiarte por las primeras impresiones, ni los prejuicios y tratar de conocer a las personas por ti mismo. 

Que te duelan los pies de haber estado caminando todo el día por una ciudad nueva. 

Ayudar a un amigo a mudarse. 

No hacer cosas por compromiso. 

Regalar fotos impresas.

Permitirte llorar si estás triste. 

Ir a cafeterías bonitas a desayunar. 

Salir y bailar sin vergüenza durante toda la noche. 

Tomar algo en una terraza soleada. 

Respetar a los demás. 

Tener pocos pero buenos amigos. 

Hacerte tatuajes que signifiquen algo para ti.

Dejar las prisas de lado de vez en cuando, y pararte a pensar en lo afortunado que eres por determinadas cosas o hechos. 

Esta lista podría ser infinita… Pero creo que todas y cada unas de las cosas tienen algo en común, y es que te hacen sentir bien, y en paz. La vida es demasiado corta para lo contrario. Todos asumimos, sobretodo cuando somos jóvenes, que tenemos una vida entera por delante. Y la tenemos, con suerte. No se trata de ser pesimista, sino de disfrutar cada segundo antes de que sea tarde. Aunque vivas muchísimos años, vive de tal manera que cuando tengas 95 y te fallen las piernas, te sientas agradecido por todo lo que hiciste de joven. Que te puedas permitir vivir sin remordimientos, pensando que aprovechaste la vida, tus energías y el amor que tenías a tu alrededor. Que valoraste lo que tenías y que cambiaste tu situación cuando no estabas conforme con algo.

Y en especial, disfruta las pequeñas cosas. Son las más importantes y a las que menos les prestamos atención. Cuando te estés muriendo no te acordarás de todo el dinero que amasaste, ni de cuánto daño te hizo aquella persona… Te acordarás de aquellos martes en los que te juntabas con tus amigos a beber cerveza, de las sonrisas de tus padres y las primeras palabras de tus hijos… De cómo te miraba el amor de tu vida cuando le hacías reír y de las anécdotas de tus viajes más surrealistas…

Siempre digo y defiendo que vivimos con demasiada presión social. Que si tienes que encontrar un buen trabajo, ganar dinero, casarte, tener hijos, comprarte una casa,  hacerte el/la dura y no tener sexo hasta la tercera cita para que no piensen mal de ti… ¡Tonterías!

Por culpa de esto hay mucha gente que no hace, ni vive la vida que quiere, y otros que hacen todo lo contrario. ¿Cuántas parejas conoces que se casan porque “es lo que toca después de tantos años“? Cásate cuando verdaderamente lo sientas. Cuando veas a esa persona y se te salten las lagrimas de todo lo que le quieres, eso puede ser a los 6 meses o a los 4 años, pero cuando lo sientas. ¿Tienes un trabajo que amas? Disfrútalo. ¿No quieres tener hijos? Olvida las opiniones, el único que tiene que respetar esa decisión eres tú.

El hygge consiste en ser bueno contigo mismo, consentirte, pasar un rato agradable y no castigarte. Y a mi me parece que los daneses son muy sabios. Porque seas quien seas, estés donde estés y quieras lo que quieras, hyggea y sé feliz.

Y para que lo hagas con música, te dejo una playlist que puedes seguir y reproducir en repeat.

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¡No te quedes en tierra!

Lisi Ruppel

Tengo pasaporte alemán/español pero me considero ciudadana del mundo. El hemisferio derecho de mi cerebro rige mi vida así que soy creativa, aventurera, impulsiva, muy soñadora y bastante cabezota. El motor que me impulsa es el amor y mi corazón se acelera cuando estoy a punto de irme de viaje, cuando paso tiempo con la gente que amo, cuando fotografío cosas y sitios bonitos, cuando saco tiempo para crear o cuando contemplo una puesta de sol.

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