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Érase una vez un viaje a Interlaken

Érase una vez una familia formada por cuatro miembros. El padre, la madre y sus dos hijas. Rondaba el verano del año 2000 y como cada año salieron de viaje los cuatro juntos. Esta vez los países elegidos fueron Suiza y Austria.

En estos viajes siempre se armaban la ruta por su cuenta. Coche en alquiler, mapa en mano y tras muchas horas de carretera y música de Jackson Browne de fondo, acababan llegando a su destino, aún con todas las veces que se perdían durante el trayecto. Pero dicen eso de que lo importante no es el destino, sino disfrutar el camino. Camino lleno de risas, momentos de silencio en los que no hace falta decir nada; simplemente estar, de paisajes, de lluvia, de sol y de alguna cabezada que otra.

Y la historia se volvía a repetir ese verano. Se repetía en Suiza y en Austria. Y se repetía que además de las ciudades principales, visitaban esos pueblos menos conocidos, esos menos comunes y especiales. Así apareció Interlaken. Un pequeño pueblo de apenas 6000 habitantes, que como su nombre indica, se encuentra entre dos lagos: Thoune y Brienz, en medio de los Alpes Suizos. Dominado por tres montañas, Eiger, Mönch y Jungfrau, encontrándose en ésta Jungfraujoch, donde está la estación de ferrocarril más alta de europa y declarada Patrimonio de la Humanidad. Era el motivo principal de la visita de la familia al pueblo.

Un pueblo del que el padre sabía mucho, la madre poco y las niñas nada. Ellas solo estaban deseando llegar al lugar que fuera, cansadas de tantas horas de coche. Y al fin encontraron la ciudad y el hotel donde se alojarían: Hotel Europa. En una tarde de frío, julio suizo, encontraron en el hotel que resultó no ser nada de lo esperado.

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No como lo pintaba la agencia donde lo habían contratado. Entraron la niña pequeña y el padre por la puerta de atrás del hotel, donde habían dejado aparcado el coche. Y aparecen en una sala sucia, con paños a modo mantel, muebles viejos y destruidos y una señora que andaba con una muleta, un jersey derruido y con cara de haber captado a unos nuevos inquilinos engañados.

El hotel estaba viejo. Las habitaciones se las entregaron sin hacer de los anteriores huéspedes y el edificio entero estaba en malas condiciones. La primera vez que subieron al ascensor que les llevaba a su habitación el miedo a no salir nunca de él les invadió. Dos largas noches tenían que pasar ahí. En Interlaken. En el hotel Europa. Con la señora de la recepción. Con el cielo encapotado de nubes que auguraba un mal presagio a poder hacer lo que buscaban en el pueblo.

De Interlaken se dice que es un pueblo feo. Que no hay nada que ver. Pero la verdad es que está en un punto clave del país, con muchos paisajes verdes con salida a muchas excursiones y actividades.

Pero todo se estaba derrumbando.

Fue una primera noche larga. Divididos en dos habitaciones, padres y hermanas, se levantaron con la esperanza de que con el día las cosas se vieran más claras. De que con la luz de la mañana el hotel les diera otra pinta.

Nada mejoró en el desayuno. Querían irse de ese lugar.

¿Pero que iban a hacer? Con el mal tiempo no podían ni siquiera subir a visitar Jungfrau. Caminaron por la ciudad, vieron el casino, disfrutaron del chocolate suizo y rieron. Rieron de la situación.

Delante del casino

Delante del casino

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Entonces encontraron Des Alpes. Un oasis en medio del desierto. Un restaurante que les acogió en todos los almuerzos y cenas los días que estuvieron allí. Donde comieron helado en noches heladas y donde conocieron la otra cara de Interlaken. La que también tiene. La de un pueblo amable, y con encanto.

En el año 2012 volvieron a intentarlo. Volvieron a ese lugar para intentar subir a Jungfrau. No desde el mismo punto y no de la misma forma. No eran los mismos ellos. Pero el tiempo en Interlaken parece que no había pasado. Si para el hotel Europa que vieron en versión mejorada. Lo que no había cambiado era el tiempo, que tampoco les permitió subir a Jungfrau. Esta vez conocieron Harder Kulm, una montaña a la que accedieron en un funicular panorámico y donde pudieron observar unas increíbles vistas de la ciudad.

El hotel Europa renovado

El hotel Europa renovado

Vistas desde Harder Kulm

Vistas desde Harder Kulm

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Volvieron a Des Alpes para sentir que el tiempo no había pasado y se fueron con la ilusión de volver a un lugar que nunca olvidarán. Quizás lo especial es que no hayan podido subir a Jungfrau para así siempre tener una excusa para volver.

 

Colorín colorado

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¡No te quedes en tierra!

Marta López

Risueña, curiosa y observadora. Tengo 25 años y nací en Gran Canaria, pero desde que salí de la isla con 18, las palabras origen y hogar tomaron un nuevo significado. Recuerdo hasta los más pequeños detalles, hago listas para todo y la de "cosas que quiero hacer antes de morir" hace tiempo que sobrepasó el límite para esta vida. Adoro caminar descalza y cenar un buen desayuno.

This Post Has 2 Comments

  1. Girls, I’m a huge fan of yours and follow you every week jaja.

    I will there this year and you have highlted all the best bits about Switzerland,fanrastic post and worth a read.

    Happy traveling xxx

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