48 horas en Copenhague

Llevaba queriendo ir a Copenhague muchísimo tiempo. Me habían hablado muy bien de la ciudad y, desde el año pasado, que estuve en Noruega, me enamoré del estilo nórdico y su gente. Así que cuando me mudé a Leeds, en junio de este año, lo primero que hice fue mirar vuelos a Copenhague. Ir sola no era un problema pero, afortunadamente, mi compañera de piso y amiga Faye, que es también una aventurera y una viajera, se apuntó conmigo.

Como las dos trabajábamos de lunes a viernes, solo podíamos ir un fin de semana y, cuando estuvimos mirando precios, estábamos indecisas sobre si ir un fin de semana en septiembre o en noviembre. ¡Menos mal que nos decidimos por septiembre! Si hubiéramos tenido la reserva hecha para noviembre no hubiera podido ir porque me he mudado a Madrid recientemente.

Total, que nos pillamos los billetes y decidimos buscar algún alma caritativa en Couchsurfing (si quieres saber qué es y cómo se utiliza pincha aquí) que nos acogiera esas dos noches en su hogar. No hubo suerte. Al principio contactamos con un chico mitad japonés, mitad danés que nos dijo que si pero, cuando se acercó la fecha, declinó nuestra petición y nadie más nos contestó. A diez días de ir, aún no teníamos alojamiento y empezaba a cundir un poco el pánico, porque Copenhague es muy caro y hasta los albergues estaban en las nubes.

Finalmente, nos decidimos por reservar una habitación en Airbnb. La casa estaba genial, muy bien situada y con todas las comodidades. Compartimos con una pareja francesa que, bueno, dios me libre de caer en los estereotipos pero, si alguien conoce a un francés open minded que me lo presente, tengo curiosidad. En fin, esto al final fue lo de menos. Usamos el alojamiento para dormir, desayunar el domingo, ducharnos y poco más.

Para que puedas venir conmigo en este viajecito a la capital danesa te voy a contar lo que hicimos en las casi 48 horas que estuvimos allí.

VIERNES:

23:00– Llegada al aeropuerto de Copenhague

Después de un enorme atasco en la autopista entre Leeds y Mánchester (desde donde cogíamos el avión) y el peor vuelo de nuestras vidas, aterrizamos en Kastrup, el aeropuerto de Copenhague. Al llegar cambiamos unas cuantas libras a coronas danesas e hicimos una cola interminable para comprar los tickets del metro/tren/bus. El transporte en Copenhague está muy bien organizado porque se venden los tickets por tiempo y por zona. Así que con el mismo ticket puedes, en ese período de tiempo montarte en todos los medios de transporte que precises. Además, no es nada caro (para ser Dinamarca).

00:00– Llegada a la ciudad

Tras un trayecto en metro y otro en guagua (bus), llegamos al bar donde trabajaba Yescher, el chico que nos alquilaba la habitación de Airbnb. Sudando con nuestras mochilas a cuestas y con todo el mundo mirándonos raro, conseguimos las llaves y nos fuimos caminando (estaba muy cerca) a nuestro pisito en el barrio de Nørrebro (el bar donde trabaja Yescher es Mikkellers & Friends y te contaré más abajo sobre él). Cuando llegamos descubrimos que tenían un gato, que casi nos mata del susto cuando entramos. Entre la emoción que teníamos y que buscábamos el interruptor de la luz, se nos olvidó cerrar la puerta y, cuando nos dimos cuenta, el gato estaba ya cruzando el umbral para escaparse. ¡Lo pillamos de vuelta por los pelos!

Estábamos muy cansadas y queríamos levantarnos pronto para aprovechar el sábado así que nos dimos una ducha y nos fuimos a dormir.

SÁBADO:

10:00– Desayuno en Nørrebro

Al día siguiente nos levantamos, nos arreglamos y salimos a desayunar. Nada más pisar la calle nos dimos cuenta de la amabilidad de los locales. Una pareja joven nos vio ojeando el mapa con cara de perdidas y se acercó a preguntarnos si necesitábamos ayuda. Nos orientaron en la dirección que les pedimos y nos recomendaron uno, o mejor dicho dos buenos sitios para desayunar.

El primero era Meyers Bageri, donde, a pesar de haber una cola impresionante, decidimos comprar unas napolitanas de chocolate buenísimas.

En la calle Jægersborggade, 9.

El otro sitio que nos recomendaron, porque en Meyers no servían bebidas, era la cafetería que estaba justo en la acera de enfrente. Un sitio moderno y ecológico (como casi todo en Copenhague) llamado The Coffee Collective. La verdad, un poco caro, incluso para Copenhague. Pero las mezclas de cafés (el que me pedí era una mezcla entre Colombia, Guatemala y Kenia) estaban deliciosas.

10:30– Paseo por el Cementerio Assistens

Parece un poco tétrico, si. Pero te aseguro que tú también hubieras disfrutado del paseo. Es un parque enorme y precioso donde las lápidas se camuflan entre la vegetación. Realmente digno de ver.

11:00– Visita al mercado de comida Torvehallerne 

Después de salir del cementerio nos pusimos en marcha camino al centro. Por el trayecto, de casualidad, caímos en este increíble mercado, donde puedes encontrar desde dulces libaneses hasta jamón ibérico español. A pesar de haber desayunado recientemente, daban ganas de comérselo todo.

Detalle de uno de los puestitos del mercado

11:00– Camino hasta el paseo para visitar Nyhavn

Por supuesto, esta es una parada OBLIGATORIA. La calle más bonita del mundo (la llamo yo) era algo que tenía muchas ganas de ver e incluso tenía de fondo de pantalla del ordenador, incluso antes de ir a Copenhague. Es una calle corta pero no decepciona. ¡PRECIOSA!

12:00– Descansar en las explanadas de madera del puerto 

Cuando terminamos de maravillarnos de Nyhavn, decidimos ir caminando hasta la famosa sirenita. Por el camino, nos sentamos a descansar en el puerto, con vistas a la Ópera.

 

12:30– Visita a la sirenita

Menuda decepción. Es pequeña y, como ya esperábamos, está llena de turistas. Como no nos gustó, nos hicimos la foto de rigor y pasamos más tiempo en Kastellet, el parque que está detrás de la sirenita.

14:30– Almuerzo

Después de este medio día tan intenso y con tantos kilómetros a cuestas, nos moríamos de hambre. Como estábamos en el centro, nos fue imposible encontrar un sitio con las tres B (bueno, bonito y barato). Así que nos conformamos con la última. Nos comimos una pizza y volvimos a callejear.

15:30– Caminar por el centro hasta la Plaza del Ayuntamiento y el Tívoli

Caminamos por las callejuelas del centro esquivando a la marabunta de gente, hasta llegar a la plaza del ayuntamiento y el Tívoli, un parque de atracciones muy famoso. No nos atrajo la idea de montarnos en nada. Al fin y al cabo, no habíamos ido hasta Copenhague para volar por los aires, así que decidimos buscar un super donde comprar algo para cenar e irnos a dar una ducha a nuestro piso. De camino, cuando aún estábamos en el centro, nos sorprendió la marcha de la guardia real.

17:00– Descansar en nuestro AirBnb

Cuando llegamos a “casa” estaba nuestro gatito esperándonos. Estuvimos jugando con él, tomando unas cervezas y cenando.

21:30– Cervezas artesanales en Mikkellers & Friends

Yescher, como buen anfitrión, nos invitó al bar donde trabajaba a tomar unas cervezas. ¡Me encantó! Tenían más de doscientas cervezas artesanales, la que más me gustó fue una mezclada con uva. ¡Era como una mezcla entre vino y cerveza! Allí estuvimos con Yescher y sus amigos pasando un buen rato y probando las distintas clases de cervezas, hasta que el sueño nos venció y nos fuimos a la cama.

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DOMINGO

11:30– Visitar Christiania

El primer día habíamos visitado lo más turístico y para el domingo reservábamos aquellas cosas más especiales. Christiania, sin duda, era un de esos lugares. Es un barrio parcialmente autogobernado, de 850 habitantes, donde las drogas blandas están permitidas y caminas sobre tierra en vez de asfalto. Sinceramente, me esperaba otra cosa. No me gustó pero, reconozco, que hay que visitarlo. A sólo cinco minutos caminando del centro y Nyhvn, el contraste que hay entre estos dos mundos es algo brutal.

12:30– Caminar hasta Verstebro

Era el antiguo barrio rojo, donde abundaba la prostitución pero, hoy en día, apodado como el “barrio cool“, es de las mejores zonas de la ciudad. No pudimos apreciarlo en su plena esencia porque era domingo y todas las pequeñas tiendas (bohemias, de arte) estaban cerradas, pero, aún así, fue la zona que mas me gustó. Si viviera en Copenhague, me gustaría, sin duda, vivir en Vesterbro.

14:00– Almuerzo en Øl & Brød

No podíamos irnos sin probar los típicos smørrebrød, una rebanada de pan negro con mantequilla y diversos ingredientes fríos o calientes encima. Parece sencillo pero, no lo es. Nosotras pedimos un mix para probar varios, y nos sirvieron algunos de carne y otros de pescado. ¡Estaban DELICIOSOS! El sitio es de los mismo dueños que el bar Mikkellers & Friends y es totalmente recomendable. Si vas a Copenhague, vete a Øl & Brød. 

15:30– Recoger equipaje y camino al aeropuerto 

Después del festín que nos pegamos, tocó volver a por nuestras cosas. Cuando nos montamos en el metro de camino al aeropuerto estábamos tan cansadas, que nos quedamos dormidas. ¡Hasta soñé y todo! Por cierto, el metro de Copenhague es otra cosa digna de ver. Súper moderno y de una arquitectura impresionante. ¡Ah! Y no tienen conductores. Son automáticos. 

22:40– Salida de Copenhague

Con la mala suerte de que nuestro vuelo se retrasó, pasamos más horas de las debidas en el aeropuerto. Nos dio tiempo de visitar las tiendas varias veces, de comernos un perrito caliente, de cargar el móvil en Starbucks y de aburrirnos como ostras. Al final, casi a las once de la noche, despegamos de nuevo rumbo Reino Unido.

Fueron muy poquitos días, aunque intentamos aprovecharlos al máximo. ¡Caminamos muchísimo! Si no te dan miedo las bicis, como a mi, te recomiendo alquilarte una si visitas la ciudad. Copenhague es 100% ciclista. TODO el mundo va en bici. En cada esquina hay cientos de ellas aparcadas. Es la mejor manera de conocer la cuidad.

Espero que te haya gustado este recorrido por la capital danesa, que te haya entrado el gusanillo de visitarla y, si ya has estado, que te haya traído buenísimos recuerdos. ¡Qué viva COPENHAGUE!

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¡No te quedes en tierra!

Lisi Ruppel

Tengo pasaporte alemán/español pero me considero ciudadana del mundo. El hemisferio derecho de mi cerebro rige mi vida así que soy creativa, aventurera, impulsiva, muy soñadora y bastante cabezota. El motor que me impulsa es el amor y mi corazón se acelera cuando estoy a punto de irme de viaje, cuando paso tiempo con la gente que amo, cuando fotografío cosas y sitios bonitos, cuando saco tiempo para crear o cuando contemplo una puesta de sol.

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